Todo comenzó cuando el mundo, envuelto en caos, deseaba silenciosamente por un cambio. No sabemos por qué o cómo podía estar existiendo este mundo, en donde nadie sabía qué era lo bueno o qué era lo malo ni estaba conciente de esos dos pilares de la moralidad y orden social. Aún así el mundo existía. Existía y giraba en espirales enfermas en donde la conciencia no parecía despertar en la mente de sus habitantes, hasta qué un día los seres se dieron cuenta de su propia presencia cuando la muerte se llevó uno de ellos.
Paradójicamente la muerte les dio la certeza de que existían.
“Para que alguien muera implica que antes gozara de vida” Fue lo que inconscientemente entendió el mundo.
“Para que sepamos lo que es vida, irremediablemente tenemos que estar vivos” Pensaron algunos que hicieron la primera premisa concientemente.
Los que llegaron a pensar lo segundo se dieron cuenta de que como podían estar vivos también podían morir en cualquier momento.
“Sabemos lo que es vivir pero mientras vivimos no sabremos lo que es morir, hasta que ocurra en nosotros mismos” Fue lo tercero a seguir.
Eso es lo que todos sabemos. Pero, ¿Por qué este mundo no tiene un Dios?
Más bien, ¿Por qué este mundo no necesitó un Dios?
En tanto las personas comenzaron a darse cuenta de que el estar con vida y saber que se estaba vivo generaba cierto placer casi mórbido, también entendieron que a los ojos de la vida, la muerte era una ausencia de todo, hasta del placer mismo. “La muerte no produce placer” Fue el siguiente descubrimiento.
De pronto, las personas que antes no sabían de si mismos se miraban angustiados y frustrados por la incertidumbre que acarreaba la muerte, y descubrieron lo que era el miedo. “Así como existe la muerte que es lo contrario a la vida, existe el miedo que es contrario al placer” Con esta idea en mente, el mundo entero comenzó a buscar que era lo que le producía placer y qué miedo.
Y he aquí el problema del mundo, que para unos es placer lo que para otros es miedo. Y por mucho tiempo las personas hallaron placer en hacer que otros sintieran miedo, y los que sentían miedo, si eran “fuertes” se oponían a los otros con fiereza, creando el “odio” y si eran "débiles" aprendían como transformar el miedo en placer creando el “amor”.
Tal ves este mundo no necesitó un Dios al entender que ellos mismos son creadores y destructores. Porque, quizás si poseyeran un Dios, este se estaría preguntando porqué permitió que sus creaciones se dieran cuenta de su triste y malsana existencia en primer lugar.
“Para que alguien muera implica que antes gozara de vida” Fue lo que inconscientemente entendió el mundo.
“Para que sepamos lo que es vida, irremediablemente tenemos que estar vivos” Pensaron algunos que hicieron la primera premisa concientemente.
Los que llegaron a pensar lo segundo se dieron cuenta de que como podían estar vivos también podían morir en cualquier momento.
“Sabemos lo que es vivir pero mientras vivimos no sabremos lo que es morir, hasta que ocurra en nosotros mismos” Fue lo tercero a seguir.
Eso es lo que todos sabemos. Pero, ¿Por qué este mundo no tiene un Dios?
Más bien, ¿Por qué este mundo no necesitó un Dios?
En tanto las personas comenzaron a darse cuenta de que el estar con vida y saber que se estaba vivo generaba cierto placer casi mórbido, también entendieron que a los ojos de la vida, la muerte era una ausencia de todo, hasta del placer mismo. “La muerte no produce placer” Fue el siguiente descubrimiento.
De pronto, las personas que antes no sabían de si mismos se miraban angustiados y frustrados por la incertidumbre que acarreaba la muerte, y descubrieron lo que era el miedo. “Así como existe la muerte que es lo contrario a la vida, existe el miedo que es contrario al placer” Con esta idea en mente, el mundo entero comenzó a buscar que era lo que le producía placer y qué miedo.
Y he aquí el problema del mundo, que para unos es placer lo que para otros es miedo. Y por mucho tiempo las personas hallaron placer en hacer que otros sintieran miedo, y los que sentían miedo, si eran “fuertes” se oponían a los otros con fiereza, creando el “odio” y si eran "débiles" aprendían como transformar el miedo en placer creando el “amor”.
Tal ves este mundo no necesitó un Dios al entender que ellos mismos son creadores y destructores. Porque, quizás si poseyeran un Dios, este se estaría preguntando porqué permitió que sus creaciones se dieran cuenta de su triste y malsana existencia en primer lugar.
Pero nosotros necesitamos un Dios así ninguno de nosotros vaya a creer en él.











