Enemigos en la muerte

lunes, 26 de enero de 2009

"Si te mueres... ¡no te lo voy a perdonar nunca!"

"Déjame morir y tal vez... solo tal vez en la siguiente vida podamos reencontrarnos sin rencores"
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"Era solo un sueño" Se trataba de auto-convencer el hombre de visible temprana edad que se había despertado a la mitad de la noche, él, sudoroso y pálido a causa de un "sueño". Sin embargo, lo que se podía llamar sueño no era más que un simple recuerdo, parecía que su subconsciente siempre le hacía tratar de entender que algo relacionado con ese recuerdo lo iba a marcar de por vida. Las noches solitarias que pasaba en esa pequeña cabaña abandonada habían sido perfectas; se sabe de hombres que buscan la soledad: penitentes, fracasados, santos o profetas etc. Pero lo que impulsaba a este hombre no era la espera de una inspiración divina. Él se había aislado del mundo, por miedo y tal vez en el fondo, para su única satisfacción.

Uno a uno todos sus recuerdos habían sido borrados después de un golpe, propinado por una arma contundente y de gran peso, las marcas y rastros de sangre de esa herida eran una prueba que el golpe había sido fuerte. Su conciencia estaría limpia a no ser por ese recuerdo que lo atormentaba en sueños… la paz que había conseguido después de escabullirse como larva hasta esa cabaña, era solo una ilusión. Si pensaba que estaba seguro del resto del mundo no se había dado cuenta que su peor enemigo era ese recuerdo, no importa cuántos golpes recibiera, cuantos días se escondiera…

"Déjame morir en paz y tal vez en la siguiente vida podamos encontrarnos sin rencores"

Su mente le repetía esa frase como si su significado real fuese: "Ni siquiera muriendo lograras olvidar estas palabras".

Los días siguieron pasando, sin comida. Lo único que lo hacía sentir lleno del estomago era el agua de la lluvia que se posaba en algunas canales de la ya vieja cabaña, podía ver su reflejo en el espejo improvisado que era la hoja de una espada ya rota, que tal vez, pensó él, resultó rota en el mismo combate en el que perdió la memoria.

No le importaba, se sentía tranquilo por haber perdido la memoria, seguramente había cometido tantos crímenes atroces, por un momento consideró su falta de recuerdos una bendición "no tengo nada porque sentirme culpable...exceptuando...aquél sueño"

Quería saber quién era la persona a la que le había dicho semejantes palabras "si te mueres... ¡no te lo voy a perdonar nunca!".

"debí querer mucho a esa persona, para no aceptar que iba a morir" con este pensamiento volvió a caer dormido.

"Si te mueres... ¡no te lo voy a perdonar nunca!"
"Déjame morir y tal vez... solo tal vez en la siguiente vida podamos reencontrarnos sin rencores"

"No existe otra vida más que esta, ¡si te mueres no nos volveremos a ver!"
"Entonces, si existe un cielo, no me saques de él solo porque no deseas que muera, no te conviertas en mi enemigo también en la muerte"

Notas de la autora

martes, 20 de enero de 2009


Definitivamente este debió haber sido la primera entrada de este blog. Primero que todo había tenido este sitio completamente abandonado, debido a que por mucho tiempo estuve indagando acerca de la finalidad de este espacio. Escribo mucho, pero así mismo no publico nada, tengo un par de agendas llenas de inicio a fin con muchas cosas que he decidido guardar para mí y aún así mi imaginación sigue volando y sigo creando, haciendo, destruyendo y reconstruyendo cosas de las cuales algunas deberían ser leídas.

También había pensado utilizar este espacio para mostrarle al mundo mi faceta más seria, pero luego de pensarlo creo que no puedo ser seria o fría todo el tiempo, yo también tengo mis momentos de regresión en donde aun me considero una niña, que no quiere ni tiene ninguna responsabilidad sobre nada.

Así que, en definitiva este espacio va a cambiar de nombre y dejará de hablar de mí, para hablar de mis queridas creaciones que he dado a luz desde hace mucho tiempo. En el cuento anterior les presenté a mi querida Excalibur y parte de su historia que la marcó para siempre. En las siguientes entradas les presentaré al resto de la “tripulación” que hacen parte de un proyecto mucho más grande; en pocas palabras… como aperitivo les presentaré a los personajes secundarios de mi obra más grande.

La mayoría de mis escritos están en español, sin embargo también me dedicaré a escribir en inglés algunas cosas no tendrían la misma carga de significado escritas en español.

Sin más que decir, me despido.

Rose

Excalibur

lunes, 19 de enero de 2009


Una valiente guerrera se encontraba mirando apaciblemente por la ventana de la habitación de un castillo jovialmente levantado alrededor de un sendero, el cual era el centro de un reino al cual protegió en tiempos oscuros y sangrientos.


Ella, había caminado en el campo de batalla, empuñando su espada con fuerza y sin temor a la muerte. Llevando presente todas las enseñanzas de su maestro, a su corta edad se abrió camino entre mortales espadas, flechas hachas y lanzas... derramó su sangre por el reino; por su rey y por su pueblo. Ahora en tiempos más tranquilos el rey le había dado la tarea de cuidar su única hija, a la hermosa princesa Merline.

El trabajo se le hacía grato, la paz volvió al reino y la princesa era una dama virtuosa a la cual ella protegía por real estima. Esa tarde como muchas otras, mientras que la princesa Merline tocaba el arpa en su habitación nuestra guerrera se encontraba mirando hacia las afueras del castillo por la ventana... pero más que fijarse en el paisaje, ella se fijaba en una persona. Sus ojos, cada tarde, solo podían mirar a aquel hombre a las afueras del castillo, que se sentaba a la sombra del roble más grande, el, que todos los días como un ritual retiraba su pesada armadura para descansar un par de horas. Sí, cada tarde ella dejaba de ser una guerrera para convertirse en una ilusionada doncella, suspirando por su amor: El que una vez fue su maestro.

Desde que era una niña aquel caballero la había tomado para entrenarla cuando ella lo había perdido todo. Aquel hombre le había dado una nueva razón para vivir y ella guardó en su corazón toda la gratitud que sentía durante muchos años. Había hecho una replica de su estilo de combate en ella, perfecta con la espada y la lanza. Por otro lado, ella había cosechado desde infante un puro amor por el...el cual nunca reveló.

Era de madrugada cuando los gritos de los guardias despertaron a todo el castillo, nuestra guerrera con la espada en ristre había escuchado los gritos "¡Secuestran a la princesa! ¡Cierren las puertas!". Como protectora de su princesa, a la flor que vio convertirse en una dama no podía quedarse de brazos cruzados, mataría a quien pensara alejarla de su pacifica vida. Detuvo al único malhechor del acto en el pasillo principal: el que conducía a la puerta de salida. La oscuridad no le daba clara oportunidad de verle el rostro a su contrincante, que llevaba al hombro a la princesa... el ladrón pareció conocer a nuestra guerrera y bajó de su hombro a la princesa, que al verse libre...extrañamente no volvió a los brazos de su protectora, sino que se hizo detrás del caballero para que el la protegiera.

Ante la expresión atónita de la guerrera, el secuestrador reveló su rostro bajando el capote de sus vestiduras: Su maestro. La confusión lo era todo, ya los guardas y soldados disponibles habían caído bajo su diestra espada, en el campo de batalla estaba ella, su maestro y la princesa que se aferraba a él...
Los amantes estaban en fuga.

"Déjanos pasar, Excalibur" Le dijo con esa voz tan inconfundible para ella.
Ella bajo la cabeza, como si un sin-numero se filosas espadas atravesaran su corazón, se lleno de amargura infinita. Reafirmó la espada con la diestra, elevándola mientras un fuerte NO llenó la habitación. Las lágrimas amenazaban asomarse por sus mejillas mientras que la princesa, detrás del caballero, pedía misericordia y recordaba todo el tiempo de amistad a la guerrera para que los dejara ir.

Excalibur no escuchaba mas que el sonido de su corazón romperse... "Solo saldrán de aquí, cuando yo haya muerto" les confirmo con voz seca a ambos.

Pero ninguno de los enamorados retrocedió; el que fue su maestro desenfundó la espada con la diestra y adopto una postura similar a la de ella "entonces, así se hará". Sólo dos soldados en pie, estaban a poca distancia, se miraban fijamente: Nuestra guerrera a un lado y el malhechor al otro. Toda su historia en común desde que se conocieron se resumiría en una batalla, en la que solo un amor podría sobrevivir... solo uno.
Fin~